La seguridad vial sigue siendo uno de los grandes retos en Europa. Aunque en los últimos años se han logrado avances importantes, los datos más recientes muestran que el ritmo de mejora es demasiado lento para alcanzar uno de los objetivos clave de la Unión Europea: reducir a la mitad el número de víctimas mortales en carretera antes de 2030.

Así lo indica la revisión de la estrategia europea de seguridad vial 2021-2030, que alerta de que, pese a las mejoras registradas, aún queda mucho camino por recorrer.

Casi 20.000 fallecidos en carretera en un año

Según el informe europeo, 19.940 personas perdieron la vida en las carreteras de la Unión Europea en 2024. Esto supone una reducción del 12 % respecto a 2019, pero sigue siendo una cifra muy alejada del descenso anual del 4,6 % que sería necesario para cumplir los objetivos marcados para 2030.

Además del impacto humano, la siniestralidad vial también tiene un fuerte impacto económico. Se estima que los accidentes de tráfico generan un coste equivalente a aproximadamente el 2 % del PIB de la Unión Europea. A esto se suma otro dato preocupante: cada año, alrededor de 100.000 personas sufren lesiones graves que cambian su vida para siempre.

El problema no es conocer las normas, sino aplicarlas

El análisis de los datos apunta a una realidad clara: la mayoría de los accidentes graves siguen teniendo su origen en comportamientos de riesgo al volante.

Entre los principales factores que contribuyen a la siniestralidad vial destacan:

  • Alcohol: alrededor del 25 % de las muertes en carretera están relacionadas con la conducción bajo sus efectos.
  • Velocidad excesiva: presente en aproximadamente el 30 % de los accidentes mortales.
  • Distracciones al volante: intervienen en entre el 10 % y el 30 % de los siniestros.
  • No utilizar el cinturón de seguridad: más de una cuarta parte de los fallecidos no lo llevaba puesto.

Estos datos muestran que el problema no suele ser el desconocimiento de las normas, sino la falta de interiorización de hábitos de conducción seguros.

En otras palabras: los conductores saben qué deben hacer, pero no siempre lo hacen.

Las carreteras secundarias y los usuarios vulnerables, los más afectados

El informe también señala dos ámbitos especialmente preocupantes.

Por un lado, las carreteras secundarias siguen siendo las más peligrosas, concentrando gran parte de los accidentes graves.

Por otro, en las ciudades, los usuarios vulnerables —peatones, ciclistas o conductores de patinetes— representan casi el 70 % de las víctimas mortales. Esto refleja cómo la movilidad urbana está cambiando y exige nuevas medidas de seguridad.

La formación vial, clave para mejorar la seguridad

Ante esta situación, desde el sector de la formación vial se insiste en la necesidad de reforzar la educación y la concienciación de los conductores.

Entre las medidas que se consideran más eficaces destacan:

  • Programas de sensibilización en las autoescuelas, con contenidos que refuercen la percepción del riesgo.
  • Formación continua para conductores, que permita actualizar conocimientos a lo largo de la vida.
  • Aprendizaje sobre nuevas tecnologías de seguridad, como los sistemas ADAS presentes en muchos vehículos actuales.

La seguridad vial no depende únicamente de las normas o de la tecnología de los coches. También requiere una cultura de conducción responsable que se mantenga con el tiempo.

Nuevos retos para la seguridad vial

La movilidad está evolucionando rápidamente y plantea nuevos desafíos que también deben abordarse desde la formación y la regulación.

Entre ellos destacan:

  • El crecimiento del uso de patinetes eléctricos y dispositivos de movilidad personal.
  • El envejecimiento de la población, que aumenta la vulnerabilidad en la carretera.
  • La llegada progresiva de vehículos automatizados, que requerirá nuevas habilidades de supervisión por parte de los conductores.

Un cambio cultural para salvar vidas

La Unión Europea plantea actuar en varios frentes para acelerar la reducción de accidentes: mejorar las infraestructuras, reforzar el cumplimiento de las normas, impulsar nuevas tecnologías de seguridad y adaptar la regulación a las nuevas formas de movilidad.

Sin embargo, muchos expertos coinciden en una idea fundamental: sin un cambio real en la cultura vial, será difícil reducir de forma significativa la siniestralidad.

Por eso, la formación, la concienciación y la responsabilidad individual siguen siendo pilares esenciales para avanzar hacia carreteras más seguras.